Sepúlveda: De Ovalle a Gijón

By BAS editor Francisco Compán

 

A principios del mes de abril, mientras leía la prensa local asturiana, me enteré de que habían ingresado a Luis Sepúlveda en el Hospital Universitario Central de Asturias con síntomas de Covid-19. Ese mismo día, también me enteré de que el celebrado escritor, periodista y cineasta chileno llevaba viviendo en Gijón, una ciudad a escasos veinte minutos de donde yo nací, desde 1997 y me sentí extrañamente culpable por no haberlo sabido antes.

Fue a raíz de esto que empecé a interesarme más por la persona y por las excepcionales experiencias que le llevaron al exilio tan lejos de su Ovalle natal. Su padre, también Luis, era el dueño de un restaurante y militante del Partido Comunista de Chile, y su madre, Irma, era una enfermera de origen mapuche. Como él mismo decía, nació “rojo, profundamente rojo” pero confesó la gran influencia que había tenido de su abuelo paterno, “un anarquista andaluz maravilloso y un tío que fue voluntario en las Brigadas Internacionales en España y cuyo único patrimonio fue una foto donde aparece con Hemingway”. Así que su compromiso político empezó desde muy temprana edad.

Realizó una parte de sus estudios universitarios en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile, donde se tituló como Director, y los completó años más tarde en Alemania al cursar una Licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Heidelberg. Aunque como él mismo dice, la mejor formación para un buen escritor es la vida misma, viajar y tener nuevas experiencias que enriquezcan la creatividad literaria. En su caso, hubo una mezcla de viajes de descubrimiento de Punta Arenas a Oslo y de Barcelona a Quito, que hizo en su juventud y que contrastan con años de exilio forzoso.

Luis Sepúlveda 1Su activismo político, al que se sumó el ecológico, estuvo estrechamente vinculado al Chile de los años 60 y de los 70 que vieron el golpe de Estado de Pinochet en 1973. Ligado a los movimientos revolucionarios, al gobierno de Unidad Popular y militante de las juventudes del Partido Comunista, Sepúlveda fue hecho prisionero en Temuco durante el golpe y fue encarcelado durante 3 años por la dictadura militar. Gracias a la intervención de Amnistía Internacional, su pena de 28 años de cárcel fue conmutada por 8 años de exilio, para finalmente dejar Chile en 1977. Como dijo el escritor “tenía que ir a Suecia, pero me bajé en Buenos Aires. Allí la situación estaba peor, así que me fui a Montevideo, luego a Brasil y después al Pacífico. A dedo, en bus, en tren; crucé a Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, donde me quedé algún tiempo”. En ese país ingresó en la Brigada Internacional Simón Bolívar, con la que partió a Nicaragua a principios de 1979 para participar en la Revolución Sandinista.

Tras el triunfo de la revolución del FSLN, se mudó a Hamburgo en Alemania donde con mucho esfuerzo consiguió trabajo como corresponsal de prensa. Su estilo de escritura con tendencia a mezclar la realidad con la ficción le llevó gradualmente a escribir relatos, obras de teatro y alguna novela. Allí vivió catorce años, se casó con Margarita Seven, con quien tuvo tres hijos, se incorporó al movimiento ecologista, y, cruzó los mares del mundo en los años ochenta trabajando para Greenpeace.

sepulevda bookPero fue su experiencia en la selva de Ecuador donde convivió con los indios Shuar, gracias a un proyecto subvencionado por la UNESCO, lo que tendría una influencia clave en Sepúlveda y dejaría una huella permanente en su creación literaria. Tras la publicación de su novela Un viejo que leía novelas de amor en el año 1989, traducida a treinta y tres idiomas, Sepúlveda se convirtió en uno de los escritores en lengua española más leídos en todo el mundo – aunque, como sucede con tanta frecuencia, no fue profeta en su tierra, teniendo su éxito más trascendente en el extranjero y no en Chile.

La obra que le dio a conocer, Un viejo que leía novelas de amor, es una historia repleta de aventuras ambientada en la selva ecuatoriana, en el mundo de los indios amazónicos Shuar y que está íntimamente ligada a la relación entre el ser humano y la naturaleza. Es un homenaje a todos los indígenas y a su forma de vida, que contrasta con la ignorante invasión de lo que solemos llamar civilización.

Luis Sepúlveda 2Patagonia ExpressHistoria de una gaviota y del gato que le enseñó a volarDesencuentrosHistorias marginalesHistoria de un caracol que descubrió la importancia de la lentitudEl fin de la historia son unas de las cerca de cuarenta obras que nos dejó con un lenguaje directo, cautivador y lleno de anécdotas para ilustrar su preocupación por el desequilibrio del planeta y el futuro de la humanidad. Para Luis Sepúlveda, la obligación del escritor era “contar bien una buena historia y no cambiar la realidad, porque los libros no cambian el mundo. Lo hacen los ciudadanos”.

Después de demasiadas semanas de lucha incesante contra el maldito coronavirus, moría el 16 de abril de 2020 en la Asturias en la que encontró su casa, dejándonos una herencia humana y literaria inigualable. Como se suele decir en estas ocasiones, siempre se van los mejores, pero esta vez es verdad.