Clara Riveros recoge un análisis experto dela política de Trump hacia América Latina.

Eduardo Gamarra, profesor titular de Ciencias Políticas de la Universidad Internacional de Florida (FIU), no oculta su preocupación por el futuro de la democracia en Estados Unidos. En 2025 ya se preveía que una prioridad de la segunda presidencia Trump sería priorizar el hemisferio occidental. “En ese sentido, el Escudo de las Américas y la Estrategia de Seguridad Nacional, presentada en diciembre de 2025, hacen que la política exterior estadounidense fuera previsible. Pero, tras los eventos de enero de 2026 en Venezuela, sobresalen cuestiones problemáticas, como el abandono total de la democracia como un valor de la política exterior estadounidense desde hace décadas”, destaca el profesor en entrevista para este Bulletin (BAS).

Asimismo Mario Ojeda Revah, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en enero de 2026 tildó la política exterior de la administración Trump de ‘chantajista’. Véanse los aranceles, entre otras medidas, como forma de una política ‘gansteril’, dijo.
Según esta perspectiva, el clima triunfalista, tras la captura del dictador Nicolás Maduro, afianzó a Trump en su sentir de omnipotencia. “La doctrina ‘Donroe’ es un fiel reflejo de Trump: justifica decisiones en razón de la seguridad nacional estadounidense y en el hecho de que el hemisferio occidental es su área de influencia. Y bajo ese paradigma está alineando a América Latina. Trump no ha tenido contención externa efectiva que lo obligue a moderarse, los hechos recientes lo corroboran”, comenta Ojeda Revah en diálogo con el BAS.

Donald Trump no tiene problemas con la imagen que proyecta. Poco o nada ha dicho de democracia en relación con Venezuela. Tras la extracción del dictador del país andino ha convertido en ‘presidenta electa’ y fantástica colaboradora a la dictadora interina Delcy Rodríguez. La palabra petróleo es probablemente el término que más ha salido de la boca de Trump cuando habla de Venezuela. “Está muy claro qué es lo que interesa a la administración: una promoción de los intereses nacionales de Estados Unidos. El petróleo es definitivamente una prioridad, no así la transición a la democracia o el aparato represivo del régimen chavista”, precisa Gamarra.

El régimen chavista, por su parte, se ha adaptado y acomodado a las nuevas circunstancias. La estrategia estadounidense es, según se ha dicho, estabilizar Venezuela, luego vendrá la reconstrucción y, en tercer lugar, la transición todavía sin fecha. La administración estadounidense creyó que podía replicar esa operación en Cuba y también en Irán, pero, en Venezuela, la cúpula chavista traicionó a Maduro. Irán no es Venezuela y Cuba tampoco es Venezuela, coinciden Gamarra y Ojeda Revah.
¿Por qué tanta desmesura de la administración americana?
“Trump no puede reelegirse. Esto ayuda a entender, de alguna manera, por qué el presidente actúa como lo hace. De hecho, ya se advierte que en las elecciones de medio término, en noviembre de 2026, su partido podría perder en ambas Cámaras”, precisa Gamarra.

Desde 2025 las encuestas vienen mostrando que la desaprobación supera la aprobación de la gestión republicana. El profesor Gamarra ha presentado, el lunes 13 de abril, los resultados de una encuesta que realizó en 12 estados y que evidencia cómo los electores latinos desaprueban mayoritariamente las políticas y la gestión Trump. Incluso entre la comunidad cubana, siempre favorable a Trump, la aprobación ha descendido. También los electores independientes, no solo los demócratas, rechazan mayoritariamente la gestión republicana, precisa Gamarra.

Transcurre la segunda semana de abril. Hace cuarenta días que inició la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Donald Trump se muestra más incontinente que nunca. Ha amenazado con destruir la civilización iraní, si el régimen no atendía su ultimátum y abría el estrecho de Ormuz, lo hizo empleando un lenguaje grotesco y vulgar, restándole dignidad al cargo que ocupa. Analistas internacionales sugieren que la imagen y la credibilidad estadounidense se han afectado severamente. Estados Unidos, más allá de sus partes de victoria, está perdiendo esta guerra porque para ganarla precisa mucho más que victorias tácticas. Irán y China, en cambio, se han beneficiado y ganan posiciones en el tablero político internacional. China lo logra sin hacer mayor cosa para conseguirlo e Irán a pesar de sí mismo.
El Escudo de las Américas
A inicios de marzo se celebró en Miami la Cumbre del Escudo de las Américas. Asistieron doce mandatarios regionales, afines ideológicamente al presidente republicano.

La Cumbre acordó la creación de una coalición militar regional contra los carteles de la droga y el crimen organizado. También se pretende enfrentar la inmigración irregular masiva y alcanzar acuerdos con los países participantes para la recepción de inmigrantes deportados desde Estados Unidos. Un tercer objetivo es impedir que China logre convertir la región en su área de influencia.

“Acordamos usar fuerza militar letal para destruir estos siniestros cárteles y sus redes terroristas”, indicó el presidente Trump – anticipando así la celebración de más operaciones conjuntas como las que han tenido lugar en Ecuador con apoyo de fuerzas estadounidenses. México, Colombia y Brasil, con gobiernos de izquierda populista, estuvieron ausentes de la Cumbre, pese a ser algunos de los países más importantes y problemáticos, por los efectos de derrame que generan sobre las Américas, hablando de los cárteles narcotraficantes y agrupaciones criminales y terroristas que emergieron en esos territorios y se expandieron por la región.

Gamarra analiza que esta iniciativa del Escudo de las Américas se corresponde con la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y está en estrecha consonancia con la llamada ‘doctrina Donroe’. Puede ser, también, una respuesta ideológica a iniciativas y bloques de corte socialista que ha conocido América Latina en los años precedentes, con la particularidad de que ha sido promovida por una super potencia, Estados Unidos, el país más poderoso del mundo en términos militares. Sí es una coalición militar regional, como lo evidencia la celebración de la reunión de ministros de Defensa, previa a la Cumbre, en la que quedó claro que, si la región no actúa de manera suficiente contra las amenazas que representa el narcotráfico y el crimen transnacional, Estados Unidos sí lo hará. Estados Unidos tiene la capacidad tecnológica y la fuerza militar para hacerlo, precisa el profesor de FIU.
Gamarra y Ojeda Revah coinciden al observar las asimetrías existentes entre los países latinoamericanos, sus capacidades militares, tecnológicas y de inteligencia, así como los contextos políticos e históricos, sus crisis y colapsos, factores que inciden, explican y ayudan a entender las coyunturas y prioridades, así como el alineamiento estratégico con Estados Unidos en esta iniciativa del Escudo de las Américas.

Expulsar o aislar a China de América Latina, tal y como desea Estados Unidos, no será una tarea fácil debido al posicionamiento y a la presencia adquirida por la potencia asiática en varios países de la región, en las décadas recientes, cuando Estados Unidos no tenía como prioridad a América Latina. Dicha circunstancia, la presencia china, condiciona la confianza estadounidense frente a sus socios latinoamericanos, así como el fortalecimiento de las relaciones entre países latinoamericanos y los Estados Unidos tras el capítulo del Socialismo del Siglo XXI.
Respecto al impacto y a las reacciones en México, frente al hecho de que la presidenta Claudia Sheinbaum no fuera convocada, Ojeda Revah comenta que en algunos sectores hubo descalificaciones. “La iniciativa del Escudo de las Américas, vista desde México, un vecino con el cual se mantiene una relación cordial, pero no exenta de tensión, muestra la tendencia y afinidad ideológica de los asistentes. Este hecho limitaba la eventual invitación y participación de la presidenta mexicana”.

Sin embargo, agrega el profesor de la UNAM, “viendo a los ignorados o no invitados, especialmente a Sheinbaum, Lula y Petro, son mandatarios que persisten en sus discursos anacrónicos. Unos y otros les hablan a sus bases, más que a la ciudadanía o al país en su conjunto. Pero, también hay que decirlo, Trump ha doblado a Sheinbaum y a Petro, más allá de los discursos que estos mantienen para sus correligionarios y simpatizantes”. En línea similar, Gamarra nota que cada gobierno puede tener sus relatos, prioridades, objetivos e intereses, pero son conscientes de la inconveniencia de entrar en un conflicto abierto con el presidente Trump.
Ojeda Revah finaliza la entrevista, entre la risa y el horror, observando que las obscenidades expresadas por el presidente Trump ya sea hablando de sus amigos, como la reciente referencia al príncipe heredero saudí Mohammed Bin Salman, o de sus enemigos, los iraníes, son una suerte de evocación de Abdalá Bucaram, el otrora soez y locuaz presidente ecuatoriano que en 1997 fue destituido por “incapacidad mental”. Un Bucaram en la Casa Blanca, liderando el país más poderoso del mundo, no es una buena noticia.
* Clara Riveros, Americas Bureau Chief, published author, journalist, opinion columnist, anchor and consultant. BA degree in Political Science from the National University of Colombia (Faculty of Law, Political and Social Sciences). A keen traveller, who has over the past ten years lived in the Americas, southern Europe and North Africa.
