El Perú en pandemia

Cristina Díaz Dreier es una peruana que pasa la mitad del año en Ginebra (Suiza) y la otra mitad en Lima.  En esta reflexión nos cuenta la experiencia de estar en el Perú durante este año de pandemia. 

Regresé a Lima el 9 de marzo de 2020. Al llegar al aeropuerto ya había todo un equipo de enfermeras y médicos.  Muchos turistas no querían acatar las instrucciones del personal sanitario y los peruanos que llegaban se veían desorientados.  El personal sanitario tomaba la temperatura, ofrecía gel desinfectante y pedía que se respetara el distanciamiento social, pero se reunieron cuatro vuelos provenientes de diferentes países europeos y era imposible pedir distanciamiento social y cumplir con todos los protocolos.  No obstante, el personal de servicio fue muy amable y sereno a pesar del ambiente algo alterado.  Si era necesario, dirigían a personas posiblemente contaminadas a una posta médica en el mismo aeropuerto.

Al menos por los alrededores de donde yo vivo en Lima se adaptó rápidamente a la pandemia.  Al principio era algo atemorizante, pero se implementaron buena higiene y distanciamiento social.  El estado tomó medidas estrictas desde el primer caso, sin embargo la gente irresponsable podía ser un problema.

Se implementaron medidas para frenar la pandemia, pero la población contaminada fue siempre mayor que los recursos ofrecidos. Ha faltado mucha organización. En zonas alejadas de la capital ha habido escasez de medicamentos, oxígeno y espacio en hospitales. Bien que la ejemplaridad, sacrificio y devoción de muchos médicos, enfermero(a)s y ejército en general han sido de un nivel asombroso. Muchos han sido héroes y han ofrecido sus vidas por los demás.

El alto ranking del Perú en la lista de países peor afectados del mundo se debe a varios factores.  Por ejemplo, el sector más pobre no puede resistir económicamente una cuarentena: trabajan como si no existiera un virus – aunque sea ilegalmente por las leyes de prohibición.  El ingreso básico, que es para muchos algo bajo, no permite a muchas familias gastar en algo adicional como mascarillas y desinfectantes. Muchas personas son el único ingreso de una familia numerosa y son jornaleros: tienen solo un ingreso diario.  Si no salen a trabajar todos los días, no disponen del mínimo para sobrevivir.  Además, el transporte público, que la mayoría de personas que laboran lo utiliza, estaba siempre muy solicitado – había más pasajeros que transporte. Esta fue una razón por la que había aglomeración en los buses y por ende más posibilidad de contaminación. Por supuesto, como en todos los países contaminados, con el traspaso del tiempo hubo algo de relajo y eso no está bien.

Se ha incrementado mucho el desempleo. Por supuesto, ha habido injerencias de algunas compañías extranjeras y sobre todo del gobierno chino, que han tratado de aprovecharse de esta situación.  Muchos peruanos consideramos un deshonor que un país donde se ha sufrido tanto de hambruna y de limitaciones de toda índole en estos momentos no actúe con corrección.

Las fronteras del país han estado cerradas durante gran parte del año. Cuando regresen los turistas creo que cada viajero deberá ser consciente de que es responsable de su propia persona. Debe tener contactos en el país visitado y en el país de origen, en caso de alguna urgencia, y claro no participar en reuniones sociales. Tener siempre los teléfonos necesarios a la mano. Llevar los artículos de higiene y desinfección necesarios. No viajar con lo mínimo, evitar ir a lugares muy alejados o poco solicitados, así se puede recibir una ayuda inmediata. La espiritualidad en muchas situaciones ayuda.