Dolor y Gloria – Pedro Almodóvar

He tenido el placer (por partida doble) de disfrutar la última obra de Pedro Almodóvar en pantalla grande. Si bien es cierto que, como fiel admiradora del cineasta, nunca (o casi nunca) me he sentido decepcionada por ninguna de sus películas, con excepción de Los amantes pasajeros, cuyo sentido todavía intento descifrar, esta última cinta no sólo cumple las altas expectativas puestas en ella, sino que las supera con creces.

Poster 21 - Dolor y GloriaDolor y gloria ha tenido una magnífica acogida entre público y crítica, algo inusual para una obra de un director que levanta, a menudo, pasiones enfrentadas. Más de dos meses después de su estreno, continúa estando en la cartelera de muchos cines y ya ha comenzado a recibir lo que probablemente sea una larga lista de premios.

Almodóvar ha vuelto a rodar un drama, género con el que parece sentirse cada vez más cómodo y en que se engloban algunas de sus mejores obras. En este caso, al contrario que JulietaTodo sobre mi madre Volver, todas ellas magníficas creaciones con protagonistas femeninas, se podría decir que se trata de una película “de hombres”. El protagonista, Salvador Mallo, es un director de cine que, en su madurez, sufre una crisis creativa; el co-protagonista es un actor con el que éste había trabajado en su juventud. Ambos personajes masculinos, complejos y cautivadores, representados por dos grandes actores: Antonio Banderas y Asier Etcheandia.

A pesar de esto, dos de las “chicas Almodóvar” (Penélope Cruz y Julieta Serrano) tienen Dolor y Gloria text ref to P Cruz or autobiographicalpapeles femeninos igualmente atractivos. Ambas representan al mismo personaje, pero en diferentes momentos de su vida: la madre de Salvador. Sin olvidar la intervención de Leonardo Sbaraglia, fantástico en su papel de Federico, un antiguo amor de Salvador. Así, Almodóvar cuenta con algunos de sus “asiduos”, incorporando a dos actores revelación que seguro darán mucho que hablar: Asier Flores (que representa a Salvador de niño) y César Vicente (un albañil analfabeto al que Salvador enseña a leer y escribir).

Se ha dicho de esta película que es la más personal del director, que tiene tintes autobiográficos. Lo cierto es que el espectador encuentra difícil discernir la realidad de la ficción, qué parte es guión, creación, la historia de Salvador Mallo, y cuál pertenece a la vida del mismo Almodóvar. Esta línea trazada de modo tan difuso se debe en gran parte al magnífico trabajo de Banderas, que consigue que identifiquemos a Pedro Almodóvar en cada gesto, cada movimiento, cada expresión, de Salvador Mallo. No sólo está caracterizado como el director (idéntico estilo de peinado y de vestimenta) sino que consigue reproducir sus mismos andares, forma de hablar y hasta su mirada. Sobre su exquisita interpretación, con la que Almodóvar parece estar muy satisfecho, el actor ha comentado “llevo observándolo 40 años”. Así, la intimidad del director se ve, en cierto modo, preservada, ya que nunca sabremos al cien por cien (quizá nunca debamos saberlo) hasta qué punto su biografía ha servido de inspiración a la hora de escribir este film. Sin embargo, él mismo ha declarado que en esta película “impregnada de mí” está “más desnudo de lo que quería”.

En cuanto a los temas que se tratan, la movida madrileña y la adicción a las drogas están muy presentes en la historia, que poco a poco nos va desvelando más datos sobre el pasado y que cuenta con continuos “flashbacks” en los que volvemos a la niñez del director. También, vivimos el despertar del deseo sexual del protagonista y el dolor físico que causa la enfermedad, así como el psicológico, el que provocan los conflictos interpersonales y las “cuentas no saldadas”, las relaciones a las que no se ha puesto final. Y, por supuesto, un concepto clave en la película: el cine dentro del cine. En palabras del director, se trata de un “homenaje a la gran pantalla”.

Un observador de su filmografía encontrará varios elementos comunes con muchas de sus obras anteriores. Desde la admiración por su madre y las mujeres presentes en su vida que apreciábamos en Volver, hasta el internado católico de La mala educación, pasando por la pasión amorosa de La ley del deseo. En esta última, el protagonista era también un director de cine, en este caso en la cumbre de su éxito, y su amante está representado por el mismo Antonio Banderas. Se podría decir que, de esta forma, la última película del director cierra un círculo comenzado hace décadas y culmina una carrera profesional plena, en lo que, en los ojos del espectador, parece ser una vida con más éxitos que fracasos, con menos dolor que gloria.

 

Por Alicia Bedoya, antigua profesora de Pre-U, ahora residente en Madrid