Cuba: una lectura crítica


Por Clara Riveros


Pregunta orwelliana: ¿La Revolución Cubana se hizo para instaurar una dictadura?

1959 – Los revolucionarios entran en La Habana

Dijo el periodista Julio Patán que era preciso diferenciar la Revolución, que tuvo elementos democratizadores, de la posterior toma del poder por parte de Fidel Castro y su entorno inmediato, de vocación claramente autoritaria.

Sin embargo, para Rubén Cortés, escritor cubano en el exilio, la Revolución se hizo, efectivamente, para instaurar una dictadura. Cada año, en enero, se celebra un nuevo aniversario de la Revolución Cubana. Militantes y partidos comunistas han recordado últimamente que ese 1º de enero de 1959 «las fuerzas revolucionarias dirigidas por el Comandante Fidel Castro entran a La Habana, poniendo fin a la sanguinaria dictadura de Batista y comenzando así el proceso de construcción del socialismo en Cuba».

Un detalle, no menor, pero alegremente ignorado por el régimen y sus fieles, tiene que ver con ese pasado democrático de Cuba que ha sido borrado. Según Cortés, «Fuimos un país democrático. Cuando en otros países no había elecciones, en Cuba había elecciones, las hubo desde 1902 hasta 1948. Necesitamos reaprender nuestra propia historia».

El mito

Fidel Castro (1926-2016), en sus inicios, fue percibido por el comunismo de Occidente como un «aventurero pequeñoburgués» que carecía de referencias, discurso y pensamiento marxista-leninista. Castro habría argumentado que siendo estudiante universitario de Derecho en la Universidad de La Habana conoció los textos de Marx, Engels y Lenin, pero no hay rastros ni huellas que adviertan ese presunto ideario marxista-leninista en ninguno de sus discursos y escritos antes y durante la campaña de la Sierra Maestra (1956).

Quizá el Fidel adulto quiso reescribir su historia personal para que se correspondiera con la imagen épica de mesías que anhelaba y que de hecho supo proyectar. Aquello que dio sustento y contenido a la base discursiva de Fidel Castro tiene una raíz y una herencia religiosa. Sí, esas palabras y alocuciones que han encendido los corazones de millones de ciudadanos en el mundo, durante décadas, están embebidas del pensamiento jesuita presente en Castro, así se extrae de los planteamientos del historiador italiano Loris Zanatta. Este teórico del populismo estuvo varios años analizando el abundante material producido por Fidel Castro, el último rey católico y, desde luego, el título de su libro no ha sido una elección fortuita.

Una realidad les hace ruido, para no decir que les hace daño, a muchos ciudadanos que se embarcaron en el pasado en el hacer revolucionario, cuando se les plantea que no han logrado superar esa ideología hecha fe y convertida en religión. Hay que decir, sin embargo, que la vía cubana desembocó en el totalitarismo, y que defender su viabilidad solo corrobora la inexistente vocación democrática de sus defensores. ¿De dónde sale la pretendida superioridad moral para despreciar los logros de las democracias liberales? Compárese la actualidad y la realidad de los países liberales en lo político, económico, social y cultural frente a los regímenes totalitarios de partido único, bien sean las revoluciones triunfantes como Cuba o aquellos que llegaron al poder por la vía democrática para destruir la democracia, cosa que ocurrió con el chavismo en Venezuela y su implantación del denominado socialismo del siglo XXI.

De todas formas, la fascinación con Cuba y con el castrismo no es exclusiva de los populismos del mundo latino y católico. Algunas temporadas en el norte de África lo corroboran. Intelectuales y activistas magrebíes, en sistemas políticos de confesionalidad islámica, siendo ellos ateos o agnósticos, devinieron en creyentes de la Revolución Cubana y de Fidel. También hay estudiantes universitarios, intelectuales, homosexuales, feministas y activistas nacidos a finales del siglo XX y/o comienzos del siglo XXI que se manifiestan en contra de la explotación, la represión, el autoritarismo, el capitalismo, etc., y lo hacen exhibiendo su idolatría hacia las estampas de héroes-tiranos deificados como Fidel Castro, Che Guevara y otros más.

Lo que no hay es una mirada crítica sobre la carga religiosa que emana de la estética y puesta en escena de los guerrilleros cubanos y sus discursos. «Al final de su vida, Fidel Castro no habla como marxista-leninista […]. Fidel Castro sigue diciendo, como por otra parte era su mensaje desde el comienzo, que las grandes religiones derrotaran el mundo secular. Y, especialmente, decía el cristianismo y el islam, citaba precisamente al islam y veía en Irán, un régimen islámico, el rescate de ese imaginario unanimista tradicional que combatía el eterno enemigo», así lo subrayó Loris Zanatta al explicar las complejas conexiones entre fenómenos populistas y elementos religiosos. ¿Y el eterno enemigo? La modernidad, la Ilustración, el mundo secular, la libertad, el individuo.

Hechos y realidades

El Movimiento 26 de Julio, una organización político-militar creada en 1953 y liderada por Fidel Castro, planteaba un ideario nacionalista. Tras el fallido asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, Castro no utilizó los términos socialismo, comunismo, marxismo o leninismo. Hizo, en cambio, una defensa vehemente de la necesidad de una reforma agraria y del nacionalismo cubano. A su salida de prisión (1955), gracias a una amnistía general en la Isla, Castro se aproximó a los textos clásicos del marxismo.

Estando en México (1956), mientras organizaba su ejército guerrillero, Castro conoció a representantes de la Unión Soviética.  Estos intentaban seducirlo y verían resultados al poco tiempo. «El pueblo de Cuba sabe que el gobierno revolucionario no es comunista», dijo Fidel Castro el 19 de abril de 1959, durante la fase inicial de la Revolución Cubana. Cuando el ingreso de los «barbudos» a La Habana cumplía apenas su primer año, el ministro soviético Anastás Mikoyán realizó la primera visita oficial de un representante de la URSS a la Isla y la Revolución Cubana giró del nacionalismo al socialismo.

Che Guevara recibe a Anastás Mikoyán

Castro se declaró comunista y por esa vía también su Revolución devino en marxista-leninista. «Las agresiones del imperialismo aceleraron el proceso revolucionario», dijo Castro. El 16 de abril de 1961, Fidel declaró por primera vez el carácter «socialista» del proceso cubano. Lo hizo después del entierro de las primeras víctimas de la invasión de Bahía de Cochinos. «Eso es lo que no pueden perdonarnos, que hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos», dijo Castro frente al cementerio Colón de La Habana.

El 22 de diciembre de 1961, en la Plaza de la Revolución y frente al Memorial José Martí, Fidel Castro pronunció uno de sus discursos más recordados: «Esa capacidad de crear, ese sacrificio, esa generosidad de unos hacia otros, esa hermandad que hoy reina en nuestro pueblo, ¡eso es socialismo! […] ¡Seremos siempre socialistas!, ¡por eso somos marxistas-leninistas!, ¡y por eso seremos siempre marxistas-leninistas! ¡Y por eso no son los dirigentes, es el pueblo, son las masas las que levantamos la mano y decimos y repetimos que somos y seremos marxistas-leninistas!». Castro finalizó su discurso gritando los dos lemas que lo acompañaron durante décadas: «¡Viva el socialismo! ¡Patria o Muerte!». La televisión cubana mostraba una multitud enardecida que estallaba en aplausos y gritaba la consigna que simbolizó el principio de una época: «¡Fidel, Jruschov, estamos con los dos!». En 1963, Fidel Castró visitó Rusia durante cuatro semanas.

Che Guevara – Sede de la ONU

De otra parte, el 11 de diciembre de 1964, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, se produjo la célebre admisión del revolucionario Ernesto Che Guevara, respecto al carácter del régimen que habían instaurado: «Nosotros tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida y la hemos expresado siempre ante el mundo: Fusilamientos, sí. Hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte. Nosotros sabemos cuál sería el resultado de una batalla perdida y también tienen que saber los gusanos cuál es el resultado de la batalla perdida hoy en Cuba».

Guevara reconoció el régimen de terror que impuso la revolución. Para ese momento los revolucionarios cubanos ya eran marxistas-leninistas y así lo reiteró en Naciones Unidas. También dijo que querían construir el socialismo, que eran parte del Movimiento de los No Alineados porque los no alineados —como ellos— luchan contra el imperialismo[1]. Guevara concluyó con la célebre proclama: «Patria o Muerte». Los representantes de diferentes Estados ovacionaron a Guevara tanto a su llegada, como al término de su intervención. En cuanto a la expresión «gusanos», es un término ampliamente conocido y que todavía hoy se emplea en Cuba: «Ser gusano en Cuba es como ser una rata judía en la Alemania nazi», dicen algunos al señalar que lo usa la dictadura para descalificar disidentes en el que ha constituido un sistemático proceso de «deshumanización» de opositores, críticos o detractores que, convertidos en gusanos, se enfrentan a la represión y, muchas veces, al riesgo de ser eliminados.

En 1965 Fidel Castro se convirtió en el primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) y mantuvo ese cargo hasta 2011. En 1976 la Constitución castrista declaró al PCC como la «fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado», es decir, estableció de forma definitiva el sistema de partido único. Se decretó así el carácter «irrevocable» del socialismo cubano.

Fidel Castro murió en 2016 a los 90 años. Nadie niega la influencia mundial de Castro y de su Revolución, pero tampoco debe omitirse su historial de despropósitos. Las credenciales del líder cubano no hablan de un valiente. Cuba mantiene un sistema totalitario, un régimen de partido único que no ha celebrado elecciones libres en seis décadas. La dictadura de Fidel Castro creó campos de concentración para reeducar a homosexuales, religiosos, intelectuales e individuos que osaron cuestionar la Revolución. Cientos de ciudadanos fueron sometidos a trabajos forzados y a un régimen de reeducación política; los homosexuales padecieron la experimentación médica encaminada a ‘rehabilitarlos’. De ahí el desencanto de algunos notables intelectuales con la Revolución Cubana.

Manifestación LGTBI en La Habana

El castrismo no ha permitido la emergencia de partidos políticos, tampoco la creación de medios de comunicación libres, ni el periodismo independiente. Activistas cubanos, entre ellas Las Damas de Blanco, un movimiento pacífico y ciudadano de esposas, madres y familiares de presos políticos, han sido y son sistemáticamente reprimidos. Los viejos hábitos del régimen no han desaparecido. De ello daba cuenta Maykel González Vivero, activista y periodista cubano, quien documentó hace unos meses las descalificaciones al activismo LGBTI que escapa del control del Estado cubano.

Durante el pandémico 2020, estuvo muy presente la polémica con las misiones médicas que envía Cuba a diferentes países del mundo y que el régimen vende como expresiones de solidaridad que, por supuesto, no son tal y, más bien, mueven recursos millonarios en favor del régimen de La Habana. En realidad, estas misiones médicas son una importante fuente de ingresos y lo son gracias a la explotación del personal sanitario cubano, es decir, de aquellos que integran los contingentes médicos. Pueden ser profesionales (o no) que realizan trabajos médicos (o no), pero también se los vincula a tareas de espionaje, vigilancia, infiltración y/o adoctrinamiento. El académico de la Universidad de Georgetown, Héctor Schamis, analizaba hace unos meses esas formas contemporáneas de esclavitud, el tráfico de personas, el trabajo forzoso y la explotación en esas misiones. A lo que se añade el informe de las relatorías de las Naciones Unidas que dejó constancia de la preocupación por los trabajos forzados y las «diversas formas de esclavitud modernas» a las que se han visto expuestos los médicos cubanos por parte de las autoridades de su país[2].

No obstante, el castrismo impuso al menos cuatro récords mundiales. A saber: Fidel Castro fue el único hombre en la historia que, sin ser emperador, rey, príncipe o califa, ha estado más tiempo en el poder;  Raúl Castro ha sido el único político profesional —o sea, no monarca— en el mundo que, como presidente, vicepresidente, o «número uno» (por encabezar el Partido Comunista), estuvo en el poder durante 61 años consecutivos; Raúl Castro también ha sido el único ministro de Defensa que ha ocupado ese cargo durante 49 años consecutivos, siendo a la vez el vicepresidente del país; y, finalmente, la máxima dirigencia política cubana es la más anciana que ha existido en la historia, ya que la edad promedio del top del poder alcanzaba los 89 años. Por ello, la marca castrista será difícil de igualar, así lo documentaba el periodista cubano Roberto Álvarez Quiñones, para quien no deja de ser irónico que, hasta inicios de los años 80, Fidel Castro, junto a la cúpula castrista, se burlara de los «vejestorios» de la cúpula gubernamental y partidista de la Unión Soviética y de Europa del Este, China, Vietnam, Mongolia y Corea del Norte[3].

Hay revoluciones fallidas que guardan dolientes y nostálgicos entre aquellas gentes que apostaron a esa vía sin que todavía hoy se animen a admitir lo equivocada que fue la apuesta. Cuba es un sistema con una economía fracasada y con la dictadura militar más antigua del continente. No puede ser un referente para nadie que pretenda vivir en un sistema democrático y viable.

Dicho esto, transcurridas seis décadas de la Revolución Cubana, y ante los evidentes resultados del modelo, hay una necesaria cuestión a resolver que es retomada por Rubén Cortés: la ausencia de una cultura política democrática en los cubanos, incluso en los disidentes[4]. Ocurre que todos están abocados a resolver el problema inmediato: el hambre. «Los cubanos en Cuba quieren una persona que les resuelva el problema económico. Lo ven como un problema de estómagos vacíos y de estómagos llenos. Están pensando en el problema alimentario y en que se resuelvan los tres grandes fracasos del sistema cubano, que son el desayuno, el almuerzo y la cena. Ahí ha llevado el sistema cubano. Los cubanos no sabemos para qué funciona la democracia», ni dentro, ni afuera de Cuba. «Tenemos que aprender, reaprender, qué significa la democracia», zanja el escritor cubano.

Clara Riveros es politóloga, analista política y consultora en temas relacionados con América Latina y Marruecos. Ha viajado por diferentes países de Iberoamérica siguiendo temas de coyuntura política con especial interés en los regímenes populistas. En años recientes ha asesorado y colaborado con organizaciones, embajadas y universidades marroquíes en temas de gestión cultural para promover un mayor acercamiento y conocimiento mutuos a partir de la organización de actividades culturales en América Latina y en Marruecos. Ha colaborado en el diseño, realización y presentación de actividades literarias organizadas por la Embajada de Colombia en Marruecos. Es autora de los libros Diálogo transatlántico entre Marruecos e Iberoamérica y Diálogos transatlánticos, Marruecos hoy. Los dos libros fueron publicados en 2019 en España.  Twitter: @CLARARIVEROS



[1] El informe de 12 páginas fue difundido en Ginebra el 6 de noviembre del 2019. Este informe fue elaborado por la Relatoría Especial sobre las formas contemporáneas de esclavitud y la Relatoría Especial sobre trata de personas de la Organización de Naciones Unidas.

[2] Fidel Castro también instigó la revolución en países de Asia, África y América Latina. Por ejemplo, en Colombia, el ELN nació en 1964 inspirado en la Revolución Cubana y con una fuerte orientación religiosa. Esa guerrilla sumó entre sus filas y comandantes a varios sacerdotes (colombianos y españoles). «El mitificado cura Torres, junto a otros tres sacerdotes españoles exponentes de la Teología de la Liberación que le siguieron más adelante los pasos, sellaron la confluencia entre cristianismo y marxismo que ha caracterizado al grupo guevarista. Entre ellos, Manuel Pérez (1943-1998), quien llegó a comandar al ELN», reconstruye el diario El País sobre esa guerrilla que todavía está activa, «de raíces católicas ya sin ideología».

[3] La edad promedio de los principales dirigentes comunistas de China, Vietnam y Corea del Norte no llega a los 70 años. Y en la Unión Soviética y demás países comunistas de Europa nunca superó los 73 o 74 años. Los más viejos eran los jefes y Stalin murió a los 75 años, Mao a los 83, Ho Chi Mihn a los 79 y Kim Il Sung a los 82. Ninguno de ellos cumplió 90, ni 89 años, como los Castro, así lo documenta Roberto Álvarez.

[4] Nota Rubén Cortés que la vocación democrática también está ausente en los disidentes que emigraron a países como Estados Unidos y ello explicaría las simpatías cubanas con un personaje de las características de Donald Trump.