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La mediocre gestión de la izquierda colombiana allanó el camino al triunfo de un outsider de derecha, explica la jefa de nuestro bureau latinoamericano Clara Riveros.
Abelardo De la Espriella, outsider de derecha, se impuso por 1 % de diferencia (250.820 votos) ante el izquierdista Iván Cepeda en las elecciones presidenciales de Colombia del 21 de junio de 2026.

El candidato de derecha obtuvo en segunda vuelta presidencial el 49.7 % (12.959.515 votos) frente al 48.7 % (12.708.695) de Cepeda. Este último sumó casi tres millones de votos respecto de la primera vuelta electoral. De la Espriella también incrementó su votación en más de dos millones y medio de votos. Esta ha sido la mayor votación y participación ciudadana, alrededor de 63 %, que ha conocido Colombia en su historia política electoral.

Hasta el último momento de su mandato el ahora expresidente, Gustavo Petro, desafió las prohibiciones y los límites legales, participó abiertamente en política y utilizó los recursos del Estado para favorecer a su candidato Iván Cepeda. Petro agitó y lo sigue haciendo, sin pruebas reales, la idea de fraude. Constantemente busca deslegitimar y minar la credibilidad de las instituciones que escaparon de su control, incluido el sistema electoral que le ha permitido ser congresista, alcalde y presidente. Organizaciones locales e internacionales, así como figuras relevantes de la vida política colombiana, excepto Petro y sus correligionarios, han reconocido, desde la primera vuelta, el trabajo, profesionalismo y celeridad de la Registraduría y del sistema electoral colombiano como uno de los más eficientes y confiables de la región e incluso del mundo.
De la investidura presidencial, cabe decir que, al elegir posesionarse en una ciudad diferente a la capital del país, De la Espriella no sólo desafió la tradición, sino que envió un mensaje claro respecto a su apuesta por la descentralización. El gobierno nacional tendrá sedes alternas en diferentes ciudades del país y mantendrá un diálogo directo con alcaldes y gobernadores. Desde el Congreso se le ha recordado al mandatario que representantes y senadores son un puente al diálogo con las regiones y un canal de comunicación con las instancias locales.
El escenario del primer discurso del presidente, en un batallón, no fue casualidad. De la Espriella eligió así rendir tributo y honores a la Fuerza Pública como primer paso para restablecer la moral de las Fuerzas Militares. La seguridad es el gran tema de preocupación nacional y explica, en gran medida, el triunfo de Abelardo De la Espriella, quien hizo de éste un tema central durante su campaña.

En lo que respecta a la puesta en escena del presidente electo durante su investidura, cabe recordar que De la Espriella, denominado “El Tigre’, más que un político es un showman. En tanto símbolos y palabras, se lo ve muy cómodo alternando y reunificando aquello que tanto ha costado separar, política y religión, para que Colombia sea un Estado laico. Su actitud anticipa desde ya un desafío tanto para las instituciones como para los ciudadanos que defienden y abogan por la laicidad del Estado. Analistas locales incluso han hablado de la inauguración mesiánica de un nuevo orden y del tono milenarista de la nueva administración, pero, durante el cuatrienio del ahora expresidente Petro, el país debió soportar a un gobernante mesiánico, teólogo de la liberación y santero.
La oposición, naturalmente, no perderá ocasión de agitar los excesos de la nueva administración. La deslegitima, no obstante la carencia de un mínimo signo de autoridad ética y/o moral. Los escándalos de corrupción que carga y seguirá arrastrando el mediocre gobierno izquierdista continúan saliendo a la luz día tras día y dan cuenta del modelo de cleptocracia adoptado y adaptado a la escenografía progresista colombiana. Desde los más altos funcionarios del gobierno Petro a la familia presidencial se han visto salpicados por escándalos de corrupción y relaciones mafiosas. Asimismo, los amigos, socios, allegados, benefactores y beneficiarios, se encargan de restar cualquier ápice de credibilidad al necesario control político que debe tener todo gobierno.
Desafíos para la nueva administración

La “paz total”, la gran bandera del gobierno de Gustavo Petro, evidenció su rotundo fracaso. El gobierno de izquierda abdicó en sus obligaciones, en tanto control y monopolio de la fuerza, resguardo del territorio nacional y protección de los ciudadanos mientras que los grupos criminales se expandieron, duplicaron su pie de fuerza y aumentaron su presencia en el país. Hubo condescendencia, gabelas y pactos ilícitos con criminales, mientras que masacres, secuestros, extorsiones, criminalidad, quema de vehículos en carreteras, cultivos de coca y presencia de narcotráfico en diferentes zonas fueron al alza. El nuevo gobierno tendrá que avanzar en recuperar el control sobre el territorio, así como en cuestiones de cooperación y de inteligencia en la lucha contra el crimen transnacional. El nuevo gobierno estima que su vinculación al Escudo de las Américas, propuesta de la administración Trump, será clave para este propósito.
La crisis de la economía, déficit y exceso de gasto público de la administración Petro ha llevado a una situación comparable a la que impuso la pandemia. El exceso de burocracia progresista y su consecuente carga de corrupción pesan sobre las finanzas públicas. Se espera que la inversión privada repunte y fomente el consumo interno para mitigar el impacto de las medidas de ajuste que se avecinan.

La crisis de la salud es uno de los tres principales problemas que hoy más preocupan a los colombianos. Los otros dos son la corrupción y la inseguridad. El gobierno de izquierda llevó a la implosión del sistema de salud que, sin ser perfecto, había sobrevivido durante tres décadas. Las propuestas de Petro para reformar el sector de la salud fracasaron en el Legislativo, pero como ha explicado Ricardo Ávila en El Tiempo, semanas atrás, la demolición del esquema de salud se ejecutó por la puerta de atrás para reemplazarlo por un sistema de carácter público. Parte de la estrategia de Petro incluyó el estrangulamiento financiero de las entidades prestadoras del servicio de salud. Se hace indispensable evitar el derrumbe total del sistema de salud y hacerlo nuevamente funcional. La programación oportuna de intervenciones, cirugías, tratamientos, así como la entrega de medicamentos esenciales son asuntos prioritarios.
Además, Colombia debe prepararse para la crisis por eventos climáticos extremos. Analistas observan que la distancia entre el discurso y la realidad del gobierno de izquierda sobre la transición energética fue abismal. Habrá escasez de agua y gas, apagones y racionamiento de electricidad, y se anticipa que el período más crítico será el primer trimestre de 2027.
Las primeras semanas de De la Espriella en el poder
Un par de días habían transcurrido tras la inédita posesión del presidente de Colombia, la noche del viernes 7 de agosto en Cali, cuando la mañana del lunes 10 de agosto, a las 7:34 am, un devastador terremoto de magnitud 7.4 sacudió a varias regiones del país. Hay crisis que no dan espera y, sin embargo, la contingencia y la urgencia redefinieron la agenda presidencial.

El gobierno colombiano ha atendido la emergencia sin perder de vista los temas centrales de su agenda. Hay quienes destacan la rápida respuesta del gobierno nacional y otros que cuestionan por qué se limitaron la entrada y el acceso a los equipos internacionales de búsqueda y rescate. Para el analista Manuel Camilo González, consultado por France 24, el protagonismo de la figura presidencial en cierto modo fue un obstáculo para los gobiernos municipales y regionales. Pero alcaldes y gobernadores han destacado la gestión y respuesta del gobierno nacional. Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín, valoró positivamente el primer mes de gestión presidencial, señalando que el presidente respondió a la catástrofe, “en su primer día hábil de gobierno”, y también ha mostrado liderazgo junto a su equipo para gestionar la reconstrucción y hallar soluciones estructurales en los departamentos más afectados que también son los más pobres. La promesa de mantener un diálogo directo, constante y cercano con alcaldes y gobernadores ha sido exaltada por Gutiérrez quien compara el cambio en el clima de la relación con De la Espriella frente a lo que ocurría con su antecesor.
En cuanto a la principal apuesta y promesa de campaña, recuperar la seguridad y dar sepultura a la “paz total” de Petro, el cambio de paradigma es elocuente. La paz, para el actual presidente, se conseguirá por la vía de la ley o de la fuerza, sin negociaciones espurias y sin acuerdos ventajistas para los criminales. La única oferta de De la Espriella ha sido el sometimiento o el rigor del Estado.

El nuevo presidente gestiona el poder orientado a obtener y a mostrar resultados, algunos con cierto nivel de espectacularidad que ya generan críticas y cuestionamientos. Así fue con las imágenes en las que apareció caminando alrededor de bolsas de cadáveres de criminales dados de baja; o hacia fines de septiembre, patrullando Santa Marta y portando un arma, luego de que la ciudad fuera militarizada por la amenaza y violencia impuestas por un paro armado de estructuras criminales.
El jefe de Estado se comprometió, tanto en campaña como durante su investidura, a respetar la libertad de prensa, pero, en las últimas semanas, se han producido algunos despidos en medios de comunicación colombianos. Esto ha llevado a conjeturas y especulaciones que sugieren que el gobierno quiere controlar la narrativa y estaría presionando la salida de algunos periodistas incómodos que denuncian irregularidades y se pronuncian de manera crítica, sin importar que en su día también hicieron lo mismo con el expresidente Gustavo Petro.
Decisiones de política exterior

Decía el expresidente Iván Duque, hace un par de meses, que Colombia precisa recuperar una política exterior de Estado que no esté al servicio de ideologías. Ha quedado claro que ese es el enfoque asumido por la nueva administración. De la Espriella anunció, previa su investidura, la inminente ruptura con las dictaduras de Cuba y Nicaragua con las cuales Petro mantuvo relaciones privilegiadas. Se han restablecido las relaciones con Israel, rotas durante la gestión Petro. Es evidente el cambio de rumbo con De la Espriella en la relación bilateral Colombia-Estados Unidos. Por lo mismo, ha generado cierta desazón en Colombia la decisión de la Casa Blanca de mantener, así se conoció en septiembre de 2026, la descertificación al país cafetero en la lucha contra las drogas por segundo año consecutivo. Sin embargo, hay en el equipo de gobierno algunas designaciones técnicas altamente profesionales, empezando por el vicepresidente José Manuel Restrepo, hombre de Estado sin carisma quien probablemente hará todo lo que esté a su alcance para dignificar las instituciones del Estado y mejorar el clima de las relaciones bilaterales con algunos socios claves en las Américas.
Resumiendo…
Gustavo Petro ha sido un agitador de la lucha de clases. Entregó un país más dividido que aquel que recibió cuatro años atrás. Hoy no está tan claro, sin embargo, que bajo la presidencia del polémico abogado De la Espriella, pese al discurso de unidad que enarbola, la polarización disminuya. La nueva administración tendrá la difícil tarea de gestionar un país profundamente dividido y con enormes problemas heredados por la anterior administración.
Clara Riveros is our Americas Bureau Chief, published author, journalist, opinion columnist, anchor and consultant with a special interest in the promotion of universal human rights, equality and individual freedoms. She holds a BA degree in Political Science from the National University of Colombia (Faculty of Law, Political and Social Sciences).
