Carmen Laforet: Nada y los fantasmas de posguerra

BAS editor Francisco Compán

Rosa Montero describió Nada de Carmen Laforet como una novela de “tono febril y delirante” creada por una escritora “tocada por la gracia”. Esta innovadora novela sorprendió al público y a la crítica con un contenido que refleja la triste realidad de la posguerra española aunque sin hacer referencias directas. Incluso el mismo estallido de la Segunda Guerra Mundial es mencionado de paso, como si fuera algo ajeno al contexto histórico de la obra. Publicada en pleno franquismo, el permiso de publicación fue autorizado por la Junta de Censura debido a que uno de los miembros del comité censor era eclesiástico y estimó que las alusiones que Laforet hace a la religión católica, principalmente a través del personaje de Angustias cuando se santigua y bendice a la familia, eran positivas. 

Nada es una novela autobiográfica completamente carente de sentimentalismo y llena de expresividad en la que Laforet presenta la dramática realidad y las consecuencias de la Guerra Civil en la España de los años cuarenta. La Guerra aparece entre las líneas de la narración que señala recurrentemente la pobreza, la miseria, el miedo, la falta de libertades y los desequilibrios psicológicos que afectan a los personajes empezando por Andrea. El trauma de la protagonista la hace casi incapaz de amar a Pons, mientras que Gloria, por su parte, sufre constantes palizas de su marido. Las amigas de la tía de Andrea, que otrora fueron mujeres felices, son descritas como “pájaros envejecidos”. A su vez, la tía Angustias en la que “todo parecía horrible y destrozado” representa el poder represivo a través de su fuerte personalidad y del control que impone sobre los otros personajes. Esta atmósfera asfixiante y siniestra, que sugiere un futuro incierto para los protagonistas, nos da un sentimiento de la dimensión de la represión franquista. 

La casa de Aribau, a la que Andrea se muda, y que está llena de muebles astillados y chinches, fue en su tiempo un hogar de familia burguesa, feliz y próspero, y es ahora un símbolo de la decadencia a la que ha llegado el país. Al mismo tiempo, la locura fratricida de la Guerra Civil está representada por Juan y Román, los hermanos que se odian y se aman al mismo tiempo echándose en cara traiciones del pasado que parecen irreconciliables.

La búsqueda de la emancipación femenina y la lucha contra el patriarcado está presente en la línea argumental de la novela de principio a fin. La llegada de Andrea a Barcelona por la noche no es casual, y es una prueba de la autonomía femenina que contrasta con la molestia que le supone a Angustias y a los otros miembros de la familia de la calle de Aribau, en un contexto en el que no está bien visto que las mujeres salgan solas por las noches. La opresión ejercida por la propia Angustias quien la ningunea y le restringe sus movimientos, exacerba sus “sueños de independencia”, y simboliza el fracaso de Andrea en su búsqueda de una vida nueva, alejada de molestias y órdenes. 

La represión contra la mujer es recurrente en Nada e ilustra el retroceso social dado por el franquismo respecto a los derechos de la mujer durante la Segunda República. La primera víctima de la represión social en la novela es la tía Angustias cuando sus padres se oponen a su boda con un joven de baja clases social. Este rechazo tiene un impacto en la psicología de Angustias que se convierte en una persona insegura y confusa, lo que afecta sus relaciones con otros miembros de la familia creando tensiones con Gloria. De manera similar, Margarita, la madre de Ena, está subyugada a la decisión de su padre de prohibir su matrimonio con Román. 

El anhelo de Andrea de tener un sentimiento de libertad y vivir su propia vida parece ser la motivación real que la lleva a Barcelona más que estudiar Filosofía y Letras. Sin embargo, sus ilusiones chocaron con la realidad de una Barcelona destruida por la Guerra física y socialmente. Laforet nos presenta a una Andrea tenaz que no ceja en su empeño al abandonar Barcelona al final de la novela, tras tocar fondo emocionalmente tras la muerte de Román, y encaminarse a Madrid como una mujer libre. Aunque “no tenía las mismas ilusiones” esta vez, sintió una “liberación” al superar sus miedos y barreras personales para empezar una nueva vida escapando de lo que Andrea describe como su “vida corriente”. 

Pese a la negatividad y el pesimismo que emana la novela, Andrea se destaca como el personaje que encarna la esperanza en una sociedad decadente y opresiva que no parece dar tregua. La esencia del existencialismo que caracteriza Nada se percibe por una parte en esta autenticidad que Laforet transmite a Andrea, y que le hace rebelarse contra la autoridad de su tía y romper con la obediencia y las convenciones. Asimismo, lo único que le permite salvarse de aquel universo tan negativo es refugiarse en los sueños y los recuerdos, escapar de su familia y del determinismo social que la oprimen, y luchar por el individualismo y la libertad personal. Laforet nos revela a través de las experiencias de Andrea su percepción de la necesidad de pasar por dificultades y desafíos como proceso de maduración moral e intelectual, y encaminarse hacia la edad adulta.