BAS editor Francisco Compán
La obra de Ana María Matute ocupa un lugar verdaderamente singular en la narrativa española del siglo XX, tanto por sus novelas, galardonadas con el Premio Nadal y el Premio Planeta entre otros, como por sus cuentos cortos. Aunque su obra no se alinea de forma particularmente explícita con ninguna ideología política, late en ella un claro impulso de compromiso social, visible en la manera en que retrata las desigualdades, la exclusión y las heridas todavía abiertas de la posguerra. Desde la estética realista que predominaba en su generación, Matute supo abrirse camino hacia un estilo inconfundible, con una prosa, cargada de emoción y matices sensoriales, y creando espacios narrativos en los que conviven la denuncia y la poesía.
Uno de los rasgos más característicos de su escritura es la presencia de la infancia y la adolescencia como ámbitos simbólicos privilegiados. En esos personajes jóvenes —a menudo frágiles, marcados por la pérdida o la injusticia— la autora encuentra un vehículo para mostrar tanto las consecuencias más sombrías de la guerra y la dictadura como la sorprendente capacidad de imaginación y resistencia que aún pervive en ellos. Su mirada, lejos de caer en la ternura fácil, combina una aguda conciencia crítica con un profundo humanismo.
En reconocimiento a su trayectoria, Matute fue elegida miembro de la Real Academia Española en 1996. Más tarde obtuvo el Premio Nacional de las Letras Españolas (2007), convirtiéndose en la tercera mujer en recibirlo, y coronó su carrera con el Premio Cervantes en 2010.
Dentro del extenso rango de cuentos cortos de la escritora catalana, desde el Bulletin, les presentamos un análisis de La conciencia y de Pecado de omisión para rendir homenaje a su dilatada carrera.
