Laura Lis
La conciencia es un cuento de Ana María Matute, una de las autoras más importantes del siglo XX, conocida por destacar la desigualdad social y la moralidad débil de las élites.
La historia sigue a Mariana, una mujer de cierta posición social cuya autoridad se ve gradualmente debilitada por un vagabundo, nada más que con sus palabras. A través de la hospitalidad involuntaria de Mariana, su creciente angustia psicológica y la manipulación del viejo vagabundo, Matute revela que el verdadero poder no reside en la riqueza material, sino en la habilidad de controlar la percepción y explotar la inseguridad humana.
A pesar de la clase social de Mariana, ella no tiene control absoluto sobre sus decisiones. Si realmente pudiera hacer lo que quisiera, no le habría dado techo al viejo en primer lugar. Esto es evidente, ya que una de las primeras cosas que le dice cuando él le pide ayuda es «Vete, y que Dios te ampare», lo que demuestra que no estaba dispuesta a invitarlo a entrar. Solo cuando las dos criadas, Marcelina y Salomé, llegan corriendo, Mariana permite que el hombre se quede a pasar la noche. De hecho, incluso «sintió un raro alivio» ver a las criadas, lo que nos permite deducir que se sentía incómoda estando sola con el hombre.
Además, es posible que la presencia de otras dos personas obligara de alguna manera a Mariana a ayudar al hombre a causa de la presión social: si las dos criadas podían tener un lugar donde huir de la lluvia, sería maleducado no permitir que el hombre tuviera lo mismo. Es probable que la autora haya hecho esto para reflejar cómo un estatus social digno no concede la libertad y el control absoluto a las personas. De hecho, a veces las cosas invisibles, como la presión social y las expectativas, pueden ejercer un mayor control sobre las personas más afortunadas, haciéndoles hacer cosas con las que no están de acuerdo, y así no tienen control absoluto sobre algunas decisiones, como en el caso de Mariana.

A medida que se va desplegando la historia. empezamos a notar un desequilibrio de poder entre el vagabundo y Mariana. Sin embargo, lo que subvierte las expectativas de los lectores es que el anciano, que la noche anterior pedía refugio, es en realidad quien tiene poder sobre Mariana, a pesar de que ella parece ser más rica y acomodada que él. Esto se hace aparente cuando el hombre dice «los vagabundos se enteran de las cosas» y afirma que sabe algo que Mariana hizo, lo que provoca que Mariana entre en pánico y pregunte «¿Qué dice? ¿Qué es lo que sabe… ¿Qué es lo que vio?». Ella comienza a temer al hombre y el uso de tres preguntas consecutivas demuestra lo desesperada que está por obtener respuestas.
Mientras todo esto sucede, el vagabundo sonríe y parece muy relajado y satisfecho consigo mismo: ha descubierto una forma de manipular a Mariana y hacer que le permita quedarse allí más tiempo del que ella tenía inicialmente planeado. Esta escena ilustra de manera eficaz que, en realidad, la clase social no es igual al poder y que, muy a menudo, tener conocimientos, especialmente sobre los secretos de otra persona, es más valioso que tener riqueza material.
A lo largo de la historia, el vagabundo es un personaje que demuestra que el poder en la sociedad no depende sólo del dinero; por el contrario, su falta de riqueza le ha dado la experiencia suficiente para saber cómo conseguir lo que quiere. Aunque su afirmación de ‘saber algo’ sobre Mariana es ambigua, tiene un efecto perjudicial para ella. Se siente impotente debido a su conciencia culpable, y el viejo se aprovecha de esto. En un momento, Mariana afirma que «La vida no es vida con esta amenaza», lo que demuestra que ni su dinero ni su estatus pueden protegerla ni salvarla del daño que le está causando su conciencia.
Incluso cuando Mariana finalmente pide al vagabundo que se marche, y él revela que todo era un engaño, ya que sabe que todos, incluida Mariana, ocultan algo de lo que se avergüenzan, conserva su poder sobre la clase alta: sabe cómo manipular a las personas, ya que conoce cómo suelen funcionar sus mentes, así que tiene conocimientos de exactamente qué palabras les afectan más, como su última advertencia a Mariana de «vigila a tu Antonio». Se podría postular que ‘el vagabundo’ en esta historia simboliza la conciencia y el potencial subversivo de los sin poder, lo que acaba revelando que el verdadero poder no se basa en la clase social ni en la riqueza, sino en la capacidad de manipular la culpa y el miedo.
Para concluir, en La conciencia, Ana María Matute utiliza el personaje de Mariana para desafiar la creencia de que quienes tienen más dinero tienen más poder y más control sobre las personas más pobres. El estado de pánico de Mariana debido a su conciencia culpable se contrasta con la tranquilidad del anciano, lo que crea un inusual desequilibrio de poder a lo largo de la historia. Ana María Matute subvierte de manera brillante nuestras expectativas sociales y empodera a las personas menos afortunadas al mostrar que tener mucho dinero no siempre te hace fuerte, pero el conocimiento sí.
Laura Lis is studying Spanish, Psychology and Chemistry for A level at Kettering Buccleuch Academy and hopes to read Modern Languages, specifically Spanish, at university.
