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Mar adentro

BAS editor Francisco Compán

Avalada por una larga lista de premios como el Globo de Oro o el Óscar a la mejor película de habla no inglesa, Mar adentro es una de esas obras que no deja indiferente a la audiencia por sus grandes dosis de humanidad. En palabras del propio Amenábar, director de la película: “Se trata de un viaje, un viaje a la vida y a la muerte, un viaje a Galicia, al mar y al mundo interior de Ramón Sampedro”.

El estreno de Mar adentro hace ya dieciocho años reactivó el debate sobre la eutanasia para los que ya se habían olvidado de la muerte de Ramón Sampedro en 1998, e introdujo a aquellos que no conocían su trágica historia a un debate socio-político que parece haber sido legitimado por la aprobación de la Ley Orgánica sobre la eutanasia que entró en vigor en junio de 2021. La  aprobación de la ley con 202 votos a favor, 141 en contra y dos abstenciones, y promovida por el gobierno de coalición, convirtió a España en el quinto país del mundo en regular la eutanasia.

El guión de la película está basado en la vida de Ramón Sampedro, marino y escritor gallego que se quedó tetrapléjico al tirarse de cabeza al agua en la playa de As Fumas, Galicia, en 1968, al chocar contra una roca, rompiéndose la séptima vértebra. El argumento se centra en la lucha de Ramón para terminar con su vida de una manera digna e incluye, como es de esperar, elementos y personajes ficticios para proteger la identidad de las personas que le ayudaron a conseguir su meta.

A los 55 años y tras haber pasado casi 30 postrado en una cama, Ramón ya había solicitado la eutanasia a los tribunales, siendo el primer ciudadano español en hacerlo. Es en este momento en el que Amenábar retoma la historia, recurriendo a numerosas escenas retrospectivas para ilustrar el conflicto personal de un Ramón Sampedro que había sido abandonado por las autoridades. Sin embargo, el apoyo de su entorno de amigos y familiares le llevó a aparecer en reportajes de televisión y otros medios, creando así un debate social y político sobre las implicaciones de vivir con minusvalías, además de cuestionar las leyes que prohibían la eutanasia en un país laico pero todavía con fuertes influencias de la Iglesia Católica.

La película se centra esencialmente en dos espacios, ambos significativos para Ramón. Su habitación en una humilde casa rural gallega es un espacio interior íntimo que representa su minusvalía y su frustración física, que contrasta con los espectaculares espacios abiertos que combinan mar y montaña, y que la cámara nos muestra a vista de pájaro. Estos espacios exteriores representan la memoria del pasado de Ramón antes del accidente y la liberación después su muerte.    

La ventana de la habitación de Ramón se convierte así en un símbolo esencial en la película al representar la frontera entre su minusvalía y su mente liberada. Amenábar omite hacer excesiva referencia a las dificultades físicas que Ramón experimenta y se enfoca en las frustraciones producidas por su familia, amigos e incluso por los jueces, en aquellos momentos en los que sus deseos no pueden hacerse realidad.

Quizá una de las escenas más memorables del largometraje sea el momento en el que la imaginación de Ramón viaja hasta la mar sobrevolando valles y montañas cuando Gené, trabajadora social y amiga de Ramón, le invita a recordar su pasado previo al accidente como parte de su terapia. Sin embargo, el único camino hacia la redención pasa por la muerte y la eliminación del cuerpo en el que vive atrapado. Sin duda, este es el aspecto más controvertido de la película ya que el protagonista rechaza explorar estrategias que le lleven a aceptar su estado físico y extender su vida, y opta por buscar la manera de terminarla dignamente.

El Ramón real lo intentó todo y se le negó la eutanasia una y otra vez. Exhausto por las batallas legales decidió tomar las riendas y quitarse la vida, lo que logró el 12 de enero de 1998. La complejidad de la tarea involucró hasta un total de once personas, cada una de las cuales tenía una labor concreta. Todas las tareas eran perfectamente legales por separado, pero en conjunto facilitaron la eutanasia de Ramón. Cuando los forenses encontraron rastros de cianuro potásico en su cuerpo, la policía detuvo a Ramona Maneiro, Rosa en la película, pero el meticuloso plan evitó que las pruebas la incriminaran.

Lo que no reflejó el excepcional filme de Amenábar fue la posterior campaña de firmas recogidas durante el mismo año 1998 y que fueron entregadas en el juzgado de Ribeira, en las que gente de toda España aseguraba haber ayudado a morir a Ramón Sampedro. El secretario de la organización Derecho a Morir Dignamente en Galicia, calificó las 14.000 firmas recogidas como un “legado histórico” y sin duda contribuyeron a fomentar el debate social a nivel nacional. A pesar de esto, siete años después, una vez el delito ya había prescrito, fue la misma Ramona la que admitió haber suministrado el cianuro y haber realizado la grabación en la que Ramón ingirió el veneno.

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